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TRIDUO PASCUAL

Jueves Santo
Jueves en que Cristo instituyó el sacramento de la Eucaristía, también conocido como la Última Cena

 

Significado de la celebración

El Jueves Santo se celebra:
– La Última Cena.
– El Lavatorio de los pies,
– La institución del mandamiento del amor.
– La institución de la Eucaristía y del
Sacerdocio
– La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní.
En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan
en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.

En la Misa vespertina, antes del ofertorio, el sacerdote celebrante toma una toalla y una bandeja con agua y lava los pies de doce varones, recordando el mismo gesto de Jesús con sus apóstoles en la Última Cena.

a) La Eucaristía

Este es el día en que se instituyó la Eucaristía, el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies de pan y vino. Cristo tuvo la Última Cena con sus apóstoles y por el gran amor que nos tiene, se quedó con nosotros en la Eucaristía, para guiarnos en el camino de la salvación Todos estamos invitados a celebrar la cena instituida por Jesús. Esta noche santa, Cristo nos deja su Cuerpo y su Sangre. Revivamos este gran don y comprometámonos aservir a nuestros hermanos.

b) El lavatorio de los pies

Jesús en este pasaje del Evangelio nos enseña a servir con humildad y de corazón a los demás. Este es el mejor camino para seguir a Jesús y para demostrarle nuestra fe en Él. Recordar que esta no es la única vez que Jesús nos habla acerca del servicio. Debemos procurar esta virtud para nuestra vida de todos los días. Vivir como servidores unos de otros.

c) La noche en el
huerto de los Olivos

Lectura del Evangelio según San Marcos14, 32-42.:

Reflexionemos con Jesús en lo que sentía en estos momentos: su miedo, la angustia ante la muerte, la tristeza por ser traicionado, su soledad, su compromiso por cumplir la voluntad de Dios, su obediencia a Dios Padre y su confianza en Él. Las virtudes que nos enseña Jesús este día, entre otras, son la obediencia, la generosidad y la humildad.

 

 

 

Viernes Santo

 

Constituye propiamente el primer día del Triduo Pascual. Para una buena celebración de la Pasión del Señor se deben tener en cuenta los siguientes principios:

1. El viernes Santo es día de penitencia obligatorio para toda la Iglesia y por tanto hay que guardar en este día la abstinencia y el ayuno, y según la oportunidad también el Sábado Santo hasta la Vigilia pascual. El ayuno de estos dos días es además de penitencial, celebrativo, ritual, y contemplativo del misterio de la Cruz. Si bien es personal es sobre todo comunitario: la comunidad ayuna en la espera de su Señor Resucitado. Es toda la persona la que celebra la Pascua, no sólo la mente y el espíritu sino también el cuerpo. No hay que olvidar que el ayuno tiene en la espiritualidad cristiana un gran valor: en una sociedad marcada por el consumismo y lo superfluo, es un medio para vivir la ascesis, el autocontrol, el señorío de sí mismo, y para ver en los bienes de este mundo su carácter perecedero y pasajero.

2. La Iglesia, siguiendo una antiquísima tradición, en este día no celebra la Eucaristía y la Sagrada Comunión sólo se distribuye a los fieles durante la celebración de la Pasión del Señor. Sin embargo los enfermos que no puedan participar en dicha celebración pueden recibirla a cualquier hora del día.

3. Esta prohibido celebrar en este día cualquier sacramento, a excepción de la Reconciliación y de la Unción de los Enfermos. Las Exequias, si las hubiese, han de celebrarse sin canto, ni instrumentos. Se recomienda que en este día se celebre en las iglesias el Oficio de Lectura y los Laudes con participación de la comunidad.

4. No tenemos Eucaristía pero sí una celebración litúrgica de la Muerte del Señor, una celebración de la Palabra que concluye con la adoración de la Cruz y con la comunión eucarística. Es una
celebración sencilla, sobria, centrada en la muerte del Señor Jesús. Su estructura está bien pensada, aparece equilibrada, con proporción entre la dimensión de escucha de la Palabra de Dios y la acción simbólica de la adoración de la Cruz y su veneración con el beso personal de todos. Lo importante es saber captar la dinámica de esta celebración y aprovechar espiritualmente toda su fuerza en la misma celebración:

– Proclamamos el misterio de la Cruz, en las lecturas de la Palabra de Dios.
– Invocamos la salvación del mundo por la fuerza de esa Cruz.
– Adoramos la Cruz del Señor Jesús.
– Y finalmente participamos del misterio de esa Cruz, del Cuerpo entregado, comulgando de él.

La Pasión de Cristo es pues, proclamada, invocada, venerada y comulgada.

5. Sobre la hora de los Oficios de la Pasión: «La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres. Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente… pero nunca después de las nueve de la noche».

 

 

 

La Vigilia Pascual

 

El sábado santo es un día de oración junto a la tumba esperando la resurrección. Es día de reflexión y silencio. Es la preparación para la celebración de la Vigilia Pascual por la noche se lleva a cabo la celebración de la Vigilia Pascual. Dicha celebración tiene tres partes importantes que terminan con la Liturgia Eucarística:

1. Celebración del fuego nuevo.
2. Liturgia de la Palabra.
3. Liturgia Bautismal.

Era costumbre, durante los primeros siglos de la Iglesia, bautizar por la noche del Sábado Santo, a los que querían ser cristianos. Ellos se preparaban durante los cuarenta días de Cuaresma y acompañados por sus padrinos, ese día se presentaban para recibir el Bautismo. También, ese día los que hacían penitencia pública por sus faltas y pecados eran admitidos como miembros de la asamblea. Actualmente, la Vigilia Pascual conserva ese sentido y nos permite renovar nuestras promesas bautismales y acercarnos a la Iglesia con un espíritu renovado.

a) Celebración del fuego nuevo:

Al iniciar la celebración, el sacerdote apaga todas las luces de la Iglesia, enciende un fuego nuevo y con el que prende el cirio pascual, que representa a Jesús. Sobre el cirio, marca el año y las letras griegas “Alfa” y “Omega”, que significan que Jesús es el principio y el fin del tiempo y que este año le pertenece. El sacerdote llevará a cabo la bendición del fuego. Luego de la procesión, en la que se van encendiendo las velas y las luces de la Iglesia, el sacerdote canta el Pregón Pascual. El Pregón Pascual es un poema muy antiguo (escrito alrededor del año 300) que proclama a Jesús como el fuego nuevo.

b) Liturgia de la Palabra:

Después de la Celebración del fuego nuevo, se sigue con la lectura de la Palabra de Dios. Se acostumbra leer siete lecturas, empezando con la Creación hasta llegar a la Resurrección. Una las lecturas más importantes es la del libro del Éxodo, en la que se relata el paso por el Mar Rojo, cómo Dios salvó a los israelitas de las tropas egipcias que los perseguían. Se recuerda que esta noche Dios nos salva por Jesús.

c) Liturgia Bautismal:

Suelen haber bautizos este día, pero aunque no los haya, se bendice la Pila bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo. El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la familia de Dios. A todos los que ya estamos bautizados, esta liturgia nos invita a renovar nuestras promesas y compromisos bautismales: renunciar a Satanás, a sus seducciones y a sus obras. También, de confirmar nuestra entrega a Jesucristo.

 

 

 

Domingo de Resurrección

 

El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que incluso la Iglesia más pobre se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de
la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios. Nos dice San Pablo: “Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales”. No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía.

Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos. Las pascuas cristianas -llenas de profundas simbologías celebra la protección que Cristo no ha cesado ni cesará
de dispensar a la Iglesia hasta que Él abra las puertas de la Jerusalén celestial. La fiesta de Pascua es, ante todo la representación del acontecimiento clave de la humanidad, la Resurrección de Jesús después de su muerte consentida por Él para el rescate y la rehabilitación del hombre caído. Este acontecimiento es un hecho histórico innegable. Además de que todos los evangelistas
lo han referido, San Pablo lo confirma como el historiador que se apoya, no solamente en pruebas, sino en testimonios.

Pascua es victoria, es el hombre llamado a su dignidad más grande. ¿Cómo no alegrarse por la victoria de Aquel que tan injustamente fue condenado a la pasión más terrible y a la muerte en la cruz?, ¿por la victoria de Aquel que anteriormente fue flagelado, abofeteado, ensuciado con salivazos, con tanta inhumana crueldad? Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada. La Resurrección nos descubre nuestra vocación cristiana y nuestra misión: acercarla a todos los hombres. El hombre no puede perder jamás la esperanza en la victoria del bien sobre el mal. ¿Creo en la Resurrección?, ¿la proclamo?; ¿creo en mi vocación y misión cristiana?, ¿la vivo?; ¿creo en la resurrección futura?, ¿me alienta en esta vida?, son preguntas que cabe preguntarse.

El mensaje redentor de la Pascua no es otra cosa que la purificación total del hombre, la liberación de sus egoísmos, de su sensualidad, de sus complejos; purificación que, aunque implica una fase de limpieza y saneamiento interior, sin embargo se realiza de manera positiva con dones de plenitud, como es la iluminación del Espíritu , la vitalización del ser por una vida nueva, que desborda gozo y paz -suma de todos los bienes mesiánicos-, en una palabra, la presencia del Señor resucitado. San Pablo lo expresó con incontenible emoción en este texto : “Si habéis resucitado con Cristo vuestra vida, entonces os manifestaréis gloriosos con Él” (Col. 3 1-4).

 

 


OCTAVO CHOCOLATE SANTAFEREÑO DE LA SOLIDARIDAD

 

“El que es generoso, prospera; el que da también recibirá” (Pr 11, 25)

Estos bonos se pueden adquirir en la oficina de la Fundación Bernardo Acosta Padilla de la Curia Diocesana. Esperamos su colaboración y su participación el viernes 10 de mayo a las 4:00 p.m. en el Restaurante Parque Natural “FUNZIPA”, diagonal a La Casona de Zipaquirá.

 


Nuevo Ecónomo para la Diócesis de Zipaquirá

 

El Señor Carlos Alberto Cuida Vargas nuevo ecónomo de la Diócesis de Zipaquirá, es casado, de 41 años de edad, vive en Bogotá, administrador de empresas de la universidad central, especialista en dirección financiera y desarrollo organizacional de la misma universidad.

En el ejercicio profesional hace dieciséis años ha liderado gerencias generales, direcciones administrativas y financieras en diferentes sectores de la economía, con experiencia en auditoría y asesoría administrativa y financiera, énfasis en el manejo de gerencia estratégica y de talento humano, generación de utilidades y evaluación de procesos y resultados.

Buenos conocimientos en áreas de contabilidad, talento humano, cartera, tesorería y servicios generales. Con capacidad de diagnosticar, evaluar e intervenir escenarios financieros y organizacionales para generar valor y efectividad en el desarrollo
organizacional. Gran capacidad de análisis numérico y fortalecimiento financiero, en busca del mejoramiento continuo e implementación de los sistemas de gestión de
calidad.

Sólidos conocimientos en la elaboración y diagnóstico de proyectos, sistemas de información y herramientas tecnológicas. Excelentes relaciones personales, liderazgo, trabajo en equipo, adaptabilidad al cambio y aprendizaje continuo, persistente y
orientado a resultados.

Ha trabajado en el sector textil, de transporte, de salud, ha trabajado en la conferencia episcopal de Colombia como asesor en el SGC en control interno, ayudando en la implementación y ejecución del proyecto de fortalecimiento administrativo a partir
del control interno en las Diócesis y sus diferentes instituciones eclesiásticas, asesoramientos a obispos en procesos administrativos, contables, tributarios y legales desde el punto de vista presupuestal y financiero. Trabajó en Cáritas colombiana de la pastoral social en la conferencia episcopal liderando el departamento financiero y administrativo. Inicia esta nueva etapa con actitud de servicio y amor a la Iglesia para apoyar los
procesos administrativos.

La Diócesis de Zipaquirá hace extensiva una fraternal bienvenida y encomienda a  Nuestra Señora de la Asunción la labor que realizará el Doctor Carlos en bien de nuestra Iglesia Diocesana.

Ecónomo Diocesano - Carlos Alberto Cuida Vargas.

 

 

 


Aniversario Ordenación Episcopal

 

 

Como comunidad diocesana nos alegramos por el 17° aniversario de Ordenación Episcopal de nuestro Obispo Monseñor Héctor Cubillos Peña y encomendamos en las manos de Dios su Ministerio Episcopal.

 

 

 

 


NOMBRAMIENTOS 2019

 

 


ARANCEL DIOCESANO – AÑO 2019

 

 

 

 


Lo que sale de dentro

 

El próximo 6 de marzo será miércoles de ceniza y se dará inicio al tiempo de la Cuaresma. Pensar en estos días es traer a la mente la imposición de la ceniza en la frente y las prácticas del ayuno, la abstinencia de carne, la limosna y la oración. El miércoles de ceniza es tal vez el día de más alta asistencia a los templos y los viernes de Cuaresma son los días en los que no se ingiere carne de res. Hay muchísimos fieles para los que estas prácticas y otras más han de ser practicadas de todas maneras: si no se recibe la ceniza quién sabe qué puede pasar; quien no se acerca a ella considera que ha cometido un gran pecado y tal vez por esa razón algo malo va a sucederle en el año; quien come carne un viernes de Cuaresma queda con esa culpa y debe ir a confesarse. En ambos casos se puede decir que se cae en la conciencia de una impureza, o de una culpa; y esto se siente como algo grave; a lo mejor más que otras acciones en la vida.

Ante esto que sienten los fieles están las palabras de Jesús en el Evangelio de Marcos 7, 14-23: “Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre… lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre”. Ni la carne, hace impuro al que la come un viernes de Cuaresma, ni la ceniza hace puro al hombre que la recibe.

La sentencia de Jesús es clara y directa: la pureza o impureza del ser humano está en lo que produce el interior, es decir, el corazón. Por eso es que Jesús habla que del corazón es de donde brotan los malos propósitos, los adulterios, la codicia, la deshonestidad, la ira, la violencia y las pasiones. Esto es lo que hace impuro, lo de dentro; no lo de fuera, la ceniza y las prácticas de Cuaresma están para dirigirse y combatir las impurezas del corazón. Esto es lo que nos pide el Señor en todos estos días desde el miércoles de ceniza. Las prácticas de la Cuaresma son las que ayudan a la persona a ser pura; claro está que no hay que olvidar que es Dios el que con su misericordia, su perdón y su acción de gracias el que nos convierte en puros. Si hacemos oración, damos limosna, nos empeñamos en la práctica de la caridad es para disponernos para que Dios nos haga puros; y, siendo puros podamos producir obras puras. De esta manera, acercarnos a la imposición de la ceniza y abstenernos de comer carne los viernes es para permitirle a Dios nos purifique y nos haga puros en todos los pensamientos, palabras y obras de nuestro diario vivir.

De esta manera, la Cuaresma con sus prácticas tiene una finalidad: hacernos más puros, es decir, menos impuros; y esto será posible en la medida en que el corazón de cada uno piense, obre y manifieste una vida de obras y palabras de acuerdo con las enseñanzas de Jesús y con su ejemplo de vida. Por tanto, la práctica de la oración en Cuaresma ha de hacernos más atentos a la presencia y al amor de Dios presente y actuante en la vida de cada uno; nos hará más obedientes a la Palabra de Dios; hará de nuestro vivir, una vida en la amistad permanente con el Señor; nos hará conocer, amar, estar con Dios; nos hará más confiados y esperanzados en Dios el Padre de todos.

La práctica de la abstinencia y el ayuno hará de nuestro corazón, un corazón más humilde y pobre para Dios, nos hará vivir menos preocupados exclusivamente por tener todo y solo para sí mismos; nos hará más libres de la esclavitud del poder del mal; nos hará mejores hijos de Dios, seremos menos egoístas, autosuficientes y prepotentes. La abstinencia y el ayuno en Cuaresma en definitiva nos ayudarán a no caer en la tentación de ser los señores, jueces y dueños de todo y de todos.

La preocupación por poner en práctica el mandamiento de la caridad y la invitación a dar la limosna, nos hará ser más parecidos a Jesús en su amor y en su atención para con los más pobres y necesitados; nos hará sentir el sufrimiento y la debilidad tal como lo sintió el Señor y fue misericordioso. La Campaña de la Comunicación Cristiana de Bienes en esta Cuaresma 2019 nos invitará a ser más generosos con el dinero para ayudar a que los más necesitados puedan ser atendidos y ayudados en sus necesidades especialmente de alimentación a través del Banco diocesano de Alimentos, o a través de las parroquias o de la organización de los obispos colombianos. Dios nos quiere generosos con nuestro dinero. La visita a los templos del miércoles de ceniza será la manifestación de cada uno de nosotros que se acerca con un corazón que quiere ser purificado por el amor de Dios; el dolor por el mal y las impurezas que hay dentro de nosotros serán las que nos impulsen a la ceniza para pedirle al Señor que nos haga puros, que nos limpie. No es la ceniza lo que nos purifica, es Dios con su amor y poder el que nos hace puros en lo más profundo del corazón.

Jesús en el sermón de la montaña propuso: “Dichosos los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mateo 5,8). La limpieza y la pureza son los que nos llevan a Dios. Las prácticas cuaresmales con la ceniza serán una buena práctica que nos dispondrá para que Dios nos haga limpios especialmente a través del sacramento de la confesión.

Los días de Cuaresma son la oportunidad para prepararse a la Semana Santa, especialmente para que en los días jueves en la tarde, viernes y sábado santos y domingo de pascua Jesús aparezca triunfante, luminoso y lleno de vida y amor, y nosotros lo podamos ver con los ojos de la fe limpios de corazón. “Quien nos hace puros es Dios para que de esta manera todo lo que brote desde dentro de cada uno sea amor, luz y vida”.

 

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá

 


 

 

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Santuarios y Lugares Sagrados

  • Basílica Menor del Santo Cristo (Ubaté).


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Ayudas Litúrgicas

Lectura Santa para el 20 de abril de 2019

VIGILIA PASCUAL

 Texto: Lucas 24, 1-12

“Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?  No está aquí, ha resucitado” (24,5-6)

Lectura santa del 20 de abril

Lectura Santa del 21 de abril