12 DE MAYO: GRAN FIESTA

El mes de mayo es uno de los meses del año con mayor número de celebraciones tanto religiosas como sociales y culturales. Mayo es un mes cobijado por la celebración de la resurrección del Señor, es el mes de María la Madre de Dios y nuestra madre; en este quinto mes también se realizan las jornadas mundiales católicas de oración por las Vocaciones Sacerdotales y Religiosas y de la Infancia Misionera. En este mes de festejan el día del trabajo el 1; el día de la madre el 12 y el día del educador el 15, además de tantos otros. En los lugares donde se tienen las estaciones, mayo es el mes de la primavera, del resurgir de la vida luego de la muerte en el invierno.

De entre todos estos días y significados de mayo, que no son los únicos porque hay muchos más, resalta de manera particular el Día de la Madre que este año será el 12. Como en todos los años, el domingo, fiesta de la Madre comporta un festejo especial, porque es día de fiesta familiar; los hijos con sus padres y familiares preparan la fiesta pensando en el encuentro de todos y en el almuerzo que harán; los restos de las madres difuntas serán visitados y venerados en los cementerios con la correspondiente congestión vehicular a su entrada. En este día hay alegría, cariño, gratitud, perdón y reconciliación; o si es el caso de dolor, ternura y preocupación por la salud de la madre enferma, frágil o anciana. Ciertamente en este día como que toda la vida familiar se condensa: los momentos de la infancia vuelven a la mente y son compartidos por todos; las dificultades vividas adquieren otra forma de ser miradas.

Esta fiesta por tanto reanima la vida de todos los que componen la familia; la de los grandes y chicos. En este día la madre y la abuela son las reinas para todos los presentes. Se renueva el afecto de las madres para con sus hijos y el de los hijos para con sus madres. Pero también, en ciertos casos este día puede terminar siendo una causa para profundizar los rencores, las indisposiciones entre hermanos, los resentimientos y las heridas que siguen afectando las relaciones entre los miembros de la familia.

Para contemplar y vivir este día de fiesta familiar vale la pena pensar en la bendición para las madres que se encuentra al finalizar la ceremonia del bautismo de los niños; ella dice así: “Dios, Autor de la vida y del amor, que llenas el corazón de las madres de ternura para con sus hijos, bendice a las madres de estos bautizados (niños) para que así como le agradecen el nacimiento de sus hijos, se gocen con su cariño, crecimiento y fortaleza”. Es sin duda una bella oración de bendición en la cual se manifiesta de qué manera el amor maternal para con sus hijos es expresión del amor de Dios. La madre con su amor ha de mostrar en la vida diaria el amor maternal de Dios que es de ternura, alegría, donación y misericordia; en definitiva, un amor que comunica la vida, la cultiva, la protege y la hace crecer. De otra parte, es una terrible y mortal contradicción cuando la madre se convierte en una depredadora de la vida practicando el aborto del hijo que lleva en su seno o cuando va destruyendo la vida de sus hijos con la violencia de palabra o de castigo permanente con el descuido de la formación de sus hijos.

El corazón de la madre ha de latir permanentemente con la melodía inconclusa de la alegría y la gratitud por el don de los hijos y con la conciencia de la responsabilidad de la maternidad para con sus hijos. Pero, también, esta bendición se refiere a las disposiciones de los hijos para con sus madres. Todo hijo está llamado a ser motivo permanente de gozo para la madre con su cariño, su crecimiento y desarrollo personal y su fortaleza de vida y cercanía con su madre. No puede llegar a ser aquel que llega a renegar de su madre y por eso con la violencia la agrede, desprecia y olvida; situaciones que son posibles y que tristemente se dan.

La enseñanza de la Iglesia, apoyada en la Palabra de Dios es clara y firme: El respeto filial se expresa en la docilidad y obediencia verdaderas: “Guarda, hijo mío, el mandato de tu padre, y no desprecies la lección de tu madre…en tus pasos ellos sean tu guía; cuando te acuestes, velarán por ti; conversarán contigo al despertar” (Prov. 6, 20-22). “El hijo sabio ama la instrucción, el arrogante no escucha la represión” (Prov. 13,1) (Catecismo de la Iglesia Católica 2216). Estas palabras son expresión del cuarto mandamiento de la Ley de Dios que manda honrar a padre y madre.

La inmensa mayoría de los seres humanos han experimentado de manera especial lo que es la madre en el hogar, claro está con su esposo, el padre de sus hijos porque como lo afirma el Señor; padre y madre llegan a ser una sola carne; y así son juntos “semejanza e imagen” de Dios y su amor para el bien de los hijos.

La maternidad de la mujer y en consecuencia la paternidad del hombre junto con la filiación de los hijos hoy está gravemente amenazada por la llamada liberación femenina, el movimiento feminista correspondiente y ahora más, la ideología de género; y esto no se puede permitir ya que se está poniendo en peligro la estabilidad y supervivencia de la humanidad; la familia, con la riqueza insustituible de la maternidad se convierte en la escuela donde “se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de vida” (Catecismo de la Iglesia Católica 1657). De ello, la mamá debe ser siempre “el sacramento eficaz” del amor de Dios para los suyos.

Es una verdad incuestionable: “La familia es la célula de la sociedad”; es decir, según como sean los hogares, así será la sociedad, la comunidad y el país. De esto se deduce el valor, la importancia y necesidad de las madres en nuestro país y en la Iglesia. Ellas lo han sido y han de seguir siéndolo en el futuro ese pilar fundamental si se quiere alcanzar la paz, la justicia, la misericordia y la reconciliación para todos.

+ HÉCTOR CUBILLOS PEÑA

Obispo de Zipaquirá