“COMO BAJA LA LLUVIA…” – 2017

La visita del Santo Padre Francisco a Colombia ha sido para todos una realización del texto profético de Isaías: “Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que simiente al sembrador y pan para comer…” (Isaías 55, 10)

Ciertamente el texto habla de la Palabra de Dios, pero también el Papa vino a predicarnos la Buena Nueva de Jesús y del amor de Dios. Se puede afirmar que esa lluvia caída del cielo descendió al campo que es nuestro país a través de su voz, sus palabras y frases, sus gestos, sus ojos, sus expresiones todas; estando sentado o en el papa-móvil o presidiendo las celebraciones y concentraciones. Todo en Francisco fue un hablar de parte de Dios, hasta el golpe sufrido en su rostro en su visita a Cartagena.

Y el Papa vino para darnos la paz de Dios. Los días de su presencia fueron días sentidos de paz y alegría; diferentes a la cotidianidad. Desde su llegada expresó su propósito de entregarnos la paz como mensajero de Jesús. El jueves en la Plaza de Bolívar dijo: “Hoy entro a esta casa que es Colombia diciéndoles ¡la paz con Ustedes! Así era la expresión de todo judío y también de Jesús”; y este saludo fue el que encomendó trasmitir a sus apóstoles en sus recorridos evangelizadores. Vino, pues, a traer la paz; su visita fue como la lluvia que refresca, rejuvenece y da brillo. Y quiso dar la paz como lluvia a un país, a unas familias, a comunidades y regiones que han experimentado la muerte, la injusticia, la violencia que nos han sumido en el dolor. A nuestras vidas individuales y sociales con el Papa llegó el anuncio y la vida de Jesús el Salvador. De otra parte, los colombianos lo acogimos; le abrimos las puertas. El Papa no tuvo que sacudir el polvo de sus pies por el rechazo nuestro (Cfr. Mc 6,11); la lluvia cayó, la semilla fue esparcida, la paz ofrecida fue acogida por tantos miles y miles de colombianos; su visita fue una manifestación multitudinaria, clara, contundente de lo que es esa realidad tanta veces reconocida pero tan atacada en nuestros días: la identidad, el alma de los colombianos está sellada por el catolicismo. Ciertamente no todos en Colombia son católicos hay quienes no son practicantes, o no pertenecen a nuestra Iglesia; también hay agnósticos y ateos; pero sin embargo Colombia abrió los ojos y agudizó el oído para contemplar y escuchar al Vicario de Cristo y sucesor de San Pedro.
El don de paz que el Papa nos brindó fue el de la paz misma de Cristo, la que es posible porque Jesús es el Maestro y el autor de la vida nueva que tanto anhelamos. Con Cristo será posible construir la paz en el corazón de cada uno, de cada familia, cada comunidad y toda nuestra nación. Francisco nos la ofreció a todos y a cada uno; por eso habló a representantes de la sociedad civil, a los ministros de la Iglesia, obispos y sacerdotes, a religiosos, jóvenes, víctimas y victimarios de la violencia y sobre todo a los pobres y los que sufren; los motivó para seguir buscando la reconciliación y la fraternidad.

A los obispos y sacerdotes nos habló de la misericordia, de la salida misionera; a todos los miembros de la Iglesia de mirar el rostro de los que sufren y pasan necesidad; a los jóvenes, de no dejarse robar la alegría, ni la esperanza y de aportar de su juventud para la construcción de una nueva nación, los animo a “volar alto”, a soñar. También a los religiosos en Medellín.

Fueron vivencias maravillosas para todos: los que salieron y estuvieron con él y los que lo siguieron por los medios de comunicación. Por ello hay que dar gracias a Dios y agradecer de manera especial a los que participaron directamente en la preparación y realización de la visita; nacionales y extranjeros.

Pero, la visita papal, como la lluvia y la semilla que cae para hacer brotar la vida, estaba destinada a nosotros. Los colombianos y los miembros de la Iglesia no somos un desierto. Hemos de ser tierra que produzca los frutos queridos por el Señor Misericordioso. Hemos de preguntarnos cada uno y juntos qué tenemos que hacer para no olvidar la visita papal ni sus enseñanzas. Colombia y nuestra Iglesia tendrán que ser diferentes a partir de la venida del Papa. Hemos de tomar muy en serio todos en nuestra Diócesis de Zipaquirá lo que nos pide el Señor a los sacerdotes y al obispo para que nuestro corazón y apostolado se renueve; para que los religiosos brillen con más fuerza de luz, de amor y esperanza; para que las comunidades parroquiales y las familias reflejen la vida del amor y de la verdad; en síntesis para que todos seamos los discípulos misioneros que el Señor y su Iglesia quieren y el mundo espera como mensajeros y obreros de nueva vida.

Por último, hemos de recordar y activar la célebre afirmación del Papa acerca de que es un “cuento chino” la afirmación de que no hay vocaciones sacerdotales. Todos estamos en “alerta roja” suplicando y animando las vocaciones. Tenemos que ser mucho más activos en oración y propuesta vocacional. Dios llama a los jóvenes a través nuestro. Si no estamos convencidos de ello, la frase del Papa se hará realidad pero no por culpa de Dios. Sigamos animados en la búsqueda de las vocaciones.

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá