Agosto y Septiembre, tiempos de Dios, de vida e ilusión

Los meses de agosto y septiembre son el tiempo en donde se están realizando o se irán a efectuar dos acontecimientos de gran importancia para la vida de los discípulos y comunidades que con forman nuestra Iglesia diocesana y que nos llenan de luz, alegría y esperanza. El primero tiene que ver con la realización de la primera etapa de la XVIII Asamblea diocesana; y, el segundo con las vocaciones sacerdotales y con nuestro Seminario Mayor.

En cuanto al primero: el día 12 tendrá lugar lo que se ha llamado la PRE-ASAMBLEA; es decir el paso inicial de la gran reunión prevista para este año 2018 en los días del mes de noviembre. Como todos lo saben desde hace años estamos empeñados en alcanzar la renovación de la vida y acción pastoral en la Diócesis a partir de las parroquias. Queremos ser absolutamente fieles a la orden de Jesús de ir a predicar el Evangelio para hacer discípulos por todas partes, bautizándolos y enseñándoles todo lo dicho y encomendado por Jesús a los Apóstoles y a la Iglesia (Cfr. Mt. 28, 19). Esta Asamblea será por tanto un momento para evaluar con fe y gratitud el caminar de estos últimos cinco años y proyectar los próximos cinco años, para continuar haciendo de cada parroquia y de toda la diócesis esas “casas y escuelas donde nazcan vivan y se formen los discípulos de Cristo y de la Iglesia en comunidades parroquiales”.

La reunión de septiembre será para evaluar, luego la de noviembre para escuchar lo que nos pide el Señor a través de su Iglesia, y lo que vemos que tenemos que hacer; y, de esta manera en el 2019 hacer que lo visto en noviembre se ponga en práctica en la etapa de la Post-Asamblea.

En esta ilusión de querer alcanzar lo que Jesús nos pide ya hay muchísima gente empeñada y trabajando, pero como son tantos, es imposible que a la pre y a la Asamblea asistan todos. Solo lo podrán hacer los sacerdotes y unos pocos agentes pastorales de entre ellos, uno por cada parroquia, los cuales asistirán con gran sentimiento de representatividad y comunión.

Esta Asamblea en sus pasos estará guiada por la Palabra de Dios, la fuerza del Espíritu Santo y el anhelo de todos por hacer de nuestras parroquias verdaderas comunidades de discípulos misioneros de Cristo. La meta, el ideal por el cual hemos de luchar, suspirar y mantenernos firmes sin pereza ni miedo es el de llegar a ser discípulos de Jesús y de su Iglesia, hermanos que vivimos la caridad, que mostramos lo que somos a los demás y que luchamos por una vida mejor de paz, justicia y honestidad.

El segundo acontecimiento que estamos viviendo desde agosto y que se prolonga en septiembre es el que se refiere a las vocaciones sacerdotales y al Seminario. En estos días estamos atendiendo especialmente a la orden del Señor: “Rogar al dueño de la mies que mande obreros a la mies” (Lc. 10 10, 2). Los obreros son los sacerdotes y los religiosos y por ellos hay que pedir a Dios, quien es el que llama y el que envía a una misión y un servicio. Hay que orar con insistencia.

En este mes se realiza como en años anteriores la salida a los colegios, a las parroquias y a los grupos juveniles como lo hizo Jesús que fue a la orilla del lago para llamar a los Apóstoles (Lc. 5, 2); salen los seminaristas, los agentes de pastoral, los que forman parte de los comités vocacionales parroquiales y tantos otros para ser esos mensajeros de Dios para invitar a los jóvenes a seguir a Jesús.

La diócesis de Zipaquirá a lo largo de su historia ha sido bendecida con muchos sacerdotes; pareciera en los tiempos actuales que, o no hay quienes llamen o muchos jóvenes no están interesados en escuchar este llamado. La Iglesia necesita de sacerdotes. La diócesis de Zipaquirá también. Así pues, hay que orar mucho e invitar a muchos.

La atención al Seminario también se dirige en estos días de septiembre como en los años anteriores. El bello edificio del Seminario, admirado por todos es una señal visible de lo que debe ser en su interior como comunidad de formación de los futuros sacerdotes. En el seminario se forman los que luego serán formadores de los discípulos misioneros de Jesús. El Seminario nos lanza hacia el futuro de nuestra Iglesia. De ninguna manera es un museo. Hemos de querer nuestro Seminario con todo el corazón, orar por él, apoyarlo espiritual y materialmente. Nuestra diócesis del futuro se va forjando desde ahora en el seminario. La vitalidad del seminario y sus procesos de formación harán que nuestra diócesis y parroquias nunca lleguen a ser casa geriátrica de quienes sólo esperen morir. El 14 de septiembre tendrá lugar el encuentro con el seminario de quienes se gestaron y salieron a la misión y servicio pastoral sacerdotal será un momento de alegría, recuerdos y renovación.

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá