“Ahora todo lo hago nuevo”

Está comenzando un nuevo año. El 2018 ha quedado relegado en el pasado. El 2019 comienza a llegar. El saludo por estos días es de “Feliz Año”; la mirada se levanta a lo que está por venir, a lo que no es todavía. La actitud común de este tiempo es la de la esperanza. Cuando esta esperanza se pierde sobreviene el pesimismo y el derrotismo; asoma en el corazón la angustia y la muerte asecha en el horizonte. Lo peor que puede pasarle a algunos que pierden toda razón para vivir y para luchar. La vida humana está siempre sostenida por la esperanza en algo mejor.

Las ilusiones y los sueños de amor, progreso y bienestar son las fuerzas para vivir. Los primeros días de año reaniman, son el tiempo especial para experimentar lo nuevo de la vida y todo el año se convierte en la ocasión para la consecución de lo anhelado.

Esta misma vivencia la ha de sentir profundamente el seguidor de Cristo. La Carta segunda de San Pablo a los Corintios nos la explicita: “Toda persona que está en Cristo es una nueva creación lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado” (5, 17). Se trata de un mensaje muy claro al que hemos de acomodar nuestra mente y nuestro corazón cada día. Somos según Dios, creaciones nuevas suyas. Esto puede sonar extraño, pero es así; ¿Por qué? La razón se encuentra en Cristo. Con Cristo al venir al mundo, durante los años de su vida entre nosotros y definitivamente con su muerte en la cruz y su resurrección, ha llegado lo nuevo, porque lo nuevo de Cristo es el amor, es la luz de su palabra, es su poder de transformación y es su vivir para siempre. Lo viejo ha quedado ya en el pasado: el pecado ha sido derrotado, la muerte ya no tiene poder sobre Él. Esto es lo que anuncian los acontecimientos de la luz en la noche de la navidad, la nueva familia de Nazaret, la estrella de los Reyes Magos y el agua fresca del bautismo en el Jordán. Jesús es lo nuevo como el sol del amanecer; pero esto no lo es sólo para sí mismo; es también para todos los que están en Cristo por el bautismo como lo afirma San Pablo.

El bautismo de cada uno con el agua penetrada por la vida de Dios nos ha unido a Jesús al hacernos parte de ÉL y de su cuerpo. En nosotros como la sangre por las venas, corre la vida nueva de Dios; porque ella nos ha hecho ser hijos del Padre.

Dios es amor según nos dice la Sagrada Escritura; el amor es vida y la vida es novedad. Dios es lo nuevo siempre; si no lo fuere así envejecería. La vida de Dios hace que lo nuevo permanezca siempre, que lo nuevo vaya fluyendo en nosotros; que no se agote. Pero ¿En qué consiste lo nuevo? En ir asemejándonos más y más a Jesús. Parecerse a Jesús cada día y en toda situación; parecernos en el amor que Jesús le tuvo a su Padre del cielo, parecernos al amor que Jesús dio a los demás, aún a sus enemigos; sufrir, alegrarnos, luchar, esperar como lo podemos ver al leer los evangelios. En esto consiste lo nuevo de cada día. Esto lo podemos detectar en cada uno cuando se reconoce que el mal genio va controlando, cuando vamos preguntándole a Dios qué quiere de cada uno antes de tomar las decisiones importantes de la vida; cuando sentimos pena por haber hecho las cosas mal y le suplicamos perdón a Dios. Al aparecer lo nuevo va desapareciendo lo viejo.

De esta manera es como un verdadero cristiano debe mirar el nuevo año que se inicia y cada uno de los días que vienen después hasta el final. El interés por ser mejores discípulos no puede estar alejado de lo que se quiere para el próximo año. Dios al hacerse hombre se ha comprometido a ser lo nuevo para nosotros durante toda la vida hasta que llegue el momento cuando venga para dar paso a la perfecta y eterna novedad que nos dará la plena felicidad. No hay que olvidar esta certeza de nuestra vida. Vivimos cada día con sus afanes bajo la misericordia de Dios que nos hace nuevos. De ninguna manera nuestra vida está manipulada por fuerzas y designios extraños amenazantes. Dios nos hace nuevos siempre y cuando se lo permitamos y contribuyamos con Él. El que es de Cristo es una nueva creatura y con Cristo se hace siempre nuevo.

El Señor les conceda vivir este año bajo la novedad de su amor y de su vida.

+ HÉCTOR CUBILLOS PEÑA /
Obispo de Zipaquirá