AMANECIENDO A UN NUEVO AÑO

“Hay que soñar; hay que ilusionarse con un gran sentido realista”

 

Todo el mes de enero es para el año lo que significó el Año Nuevo 2018. En enero y febrero nace el sol del año entero. Todo amanecer es un nuevo comienzo porque brilla la luz con su sol naciente. Las ciudades y los campos se despiertan a nuevas posibilidades y conquistas; hay claridad y todo brilla con su propio color. Despertar es abrir los ojos a la esperanza, a la vida que puede renovarse. El amanecer es sinónimo de optimismo e ilusión.

¿Qué será de este nuevo año 2018? La respuesta es: será lo que nosotros queramos que llegue a ser. Hay que ser realistas. No se puede pensar en que el año será efecto de unas fuerzas ocultas y misteriosas que conducen la historia y la vida humana. Esto es cobardía, debilidad e irresponsabilidad; el que considera las cosas de esta manera está eludiendo su tarea y está cayendo en el derrotismo. Llegamos a ser lo que hemos soñado y por lo que hemos luchado.

Nuestro país, y la sociedad colombiana entera están por tanto amaneciendo a un nuevo año. Una nueva oportunidad en la cual la realidad plantea retos y desafíos. Hay que soñar; hay que ilusionarse con un gran sentido realista.

En este año Colombia y nosotros en ella, será lo que queramos que llegue a ser. La comunidad humana no se entiende como la aglomeración de los individuos sino como unión de ciudadanos, desde el sur al norte y del oriente al occidente. Nuestro país debe llegar a ser unión de voluntades y fusión de empeños y trabajos para conseguir entre todos lo que queremos.

Este nuevo año presenta unos retos muy particulares: 2018 será el año de nuevas elecciones de congresistas y presidente; será la oportunidad para proseguir la búsqueda y construcción de la paz, la oportunidad para implantar la verdadera justicia, para hacer crecer la economía y para frenar y restaurar los daños en contra de la naturaleza. Puede llegar a ser ese nuevo amanecer en la medida del empeño por combatir la corrupción, la violencia, el narcotráfico, el sufrimiento de los millones de colombianos sumidos en la miseria y la pobreza y para poner fin a los incalculables daños en contra de la inmensa riqueza ecológica que tenemos.

Todos y cada uno estamos llamados a pensar, desear y buscar el bien de todos; el llamado bien común que es el que da la verdadera paz. La construcción de nuestra Nación es compromiso de todos, no de unos pocos que tienen el poder. Cada uno en el lugar en donde vive, por el trabajo que desarrolla, en su círculo de relaciones familiares y sociales es responsable del bien de todos. El que sólo piensa en sí y en el beneficio para sí mismo es un freno para el desarrollo de todos. Desde el nacimiento, la vida humana está destinada a la solidaridad y la pertenencia porque la concepción de un nuevo ser parte precisamente de la relación entre un hombre y una mujer que se aman y quieren transmitir la vida. La politiquería, la violencia, la búsqueda inmoral del dinero son agresiones a la sociedad y a cada uno de sus integrantes.

No se puede desconocer que esta bella tierra y esta maravillosa Patria están amenazadas por el mal y la destrucción. El nacimiento del sol puede verse oscurecido por nubes negras. Los males que nos aquejan en Colombia son la manifestación de esa amenaza para destruir la sociedad; amenaza que anida en el corazón de cada quien y que se potencializa en su poder destructivo cuando se asocia con otros. De esta manera también el nuevo sol ha de encontrarnos unidos y solidarios para la obra que nos empeñamos en hacer realidad.

Este amanecer de 2018 a los discípulos de Cristo e integrantes de la familia de Dios nos debe encontrar de pies, fortalecidos por el amor e ilusionados con la esperanza. Desde la fe podemos afirmar que todo amanecer es la manifestación de la venida del Reino de Dios. No nos podemos engañar: los discípulos misioneros de Cristo tenemos algo que no tiene el que no lo es. Ese algo es la luz de la verdad y el poder transformador del amor de Dios que hemos recibido. Nuestra fe nos tiene que hacer sentir y llegar a convencernos para actuar con determinación y certeza: Cristo es el salvador, el que triunfó sobre la muerte y el mal; y con su Espíritu puede hacer surgir un nuevo amanecer para Colombia; pero, se necesita la responsabilidad y la acción de sus discípulos. Con Cristo y su Evangelio hemos de ser apóstoles y misioneros de la paz, la reconciliación y la justicia para que haya un nuevo amanecer para todos los colombianos.

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá