¿BEBER EL CALIZ DE JESÚS?

“Beber el Cáliz” es tomar la cruz de cada día y morir a sí mismo”

Abril será este año el mes de la Semana Santa y de una gran parte del tiempo de la Pascua; por tanto en este comienzo es necesario mirar hacia esta semana mayor para ver que ella es el punto de llegada del miércoles de ceniza. Mirar los días santos en toda su grandeza, profundidad e importancia para nuestra fe y nuestra vida.

El día miércoles de la segunda semana de Cuaresma, el Evangelio de la misa nos presentaba esa pregunta de Jesús a los Apóstoles a raíz de la petición de la madre de los apóstoles Juan y Santiago de que sus hijos quedaran sentados a lado y lado de Jesús en el Reino. Jesús les pregunta: “¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” (Mateo 20,22). Los Discípulos fueron capaces de tomar la copa de Jesús: lo hicieron con su vida pero, de manera particular y significativa cuando Jesús en la Última Cena les dijo y entregó: “Tomad y bebed todos de él porque este es el cáliz de mi Sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados “y ellos bebieron…

Esto mismo es lo que sucede siempre cuando estamos en la misa y comulgamos: “bebemos de la copa de Jesús”, de vez en cuando lo hacemos materialmente, pero siempre sucede cuando recibimos el cuerpo del Señor en la Eucaristía. Este momento es el que recordamos y celebramos de manera especial en la misa del jueves santo por la tarde, recibimos y comulgamos a Jesús en su sacrificio y entrega por nosotros y para nuestra salvación. Y esto tiene una importancia decisiva porque aquel que no bebe, no recibe a Jesús en su sacrificio no puede resucitar con él a la vida nueva y eterna. Tomar el cuerpo del Señor y beber su sangre es dar el paso de Jesús y hacerlo con Él, pasar de la muerte a la vida. De manera pues, que es necesario darse cuenta y prepararse para vivir los días Santos.

Hay muchos que no se preparan; se preparan para salir de vacaciones, disponen y programan esos días para dedicarse al descanso o a ver la televisión, o a atender encuentros con los familiares o amigos; más aún, hay también los que asisten a los oficios sagrados pero sin prepararse debidamente, y finalmente, hay quienes sí se preparan con las debidas disposiciones para que la acción de Dios, el sacrificio y el triunfo del Señor los alcancen y transformen sus vidas. Nos podemos preguntar: ¿será que la entrega de Jesús en la agonía y la muerte pueden llegar a ser en vano? ¿Qué el sufrimiento de Jesús sufrió todo y que ese dolor puede llegar a ser inútil para muchos? La respuesta es que sí; pero no por culpa de Dios sino de los seres humanos. En otras palabras de cada uno depende de que la entrega de Jesús llegue a ser un triunfo o de que termine en el fracaso. De cada uno depende, no lo llegará a ser en la medida de la capacidad de las personas para “beber el cáliz de Jesús”.

El tomar de la copa del Señor es algo para hacer a lo largo de toda la vida, pero que se vive de manera especial en cada semana santa: y cada semana santa es una ocasión de gracias para mantenerse bebiendo esa copa a lo largo del año y en cada Misa a la que se asiste.

Beber la copa del Señor en los días santos pide una preparación del corazón y la mente y esta preparación es la que se comienza a hacer en el miércoles de ceniza al dejarse marcar la cruz en la frente y al aceptar las palabras: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

“Beber el Cáliz” es tomar la cruz de cada día y morir a sí mismo; es decir, esforzarse porque lo que guie la vida no sean las propias pasiones; no sea el orgullo, no sea el hacer el mal, sino el morir a uno mismo: para entregarse al Señor, y seguirlo a Él. La conversión que es el arrepentimiento y la petición de perdón a Dios por el mal y los pecados es lo que nos despeja, limpia y dispone para beber el cáliz en la entrega a Dios y a los hermanos por amor, como lo fue para Jesús.

Así como los alimentos y bebidas son los que hacen que nuestros cuerpos vivan sanos y sin enfermedad, beber a Jesús es hacer posible que la vida de Jesús llegue a ser la misma vida que vivamos; y como Jesús, tenemos que dar ese paso permanente hacia el bien y el amor.

La invitación a beber el cáliz de Jesús consiste por tanto en dar el paso con Jesús y al hacerlo brotará desde lo más profundo de cada uno la nueva vida de Jesús resucitado. El que no da el paso se queda muerto, el que sí lo da, vive.

Sacerdotes, papás, mamás, hijos, religiosos, niños o ancianos, hemos pues, de tener el deseo de dejarnos tomar de la mano y de los brazos por Jesús para con Él, beber de su copa en esta próxima semana santa.

                                                           +Héctor Cubillos Peña

                                                                Obispo de Zipaquirá