EL VICTORIOSO PASTOR

Este editorial aparece justo en la celebración de la fiesta del Buen Pastor, celebración tan querida y especial del calendario litúrgico de la Iglesia. Cristo es el Pastor universal, los sacerdotes son su prolongación en la historia y el llamado vocacional divino sigue dándose en la vida de la Iglesia.

Esta fiesta se celebra en el ambiente de la pascua del Señor. Cristo Buen Pastor y Cristo resucitado están vinculados íntimamente, más aún, el Resucitado es el Pastor y el Pastor el Resucitado; por eso, la oración de la misa este IV domingo de Pascua suplica de esta manera: “…para que así el débil rebaño de tu Hijo tenga parte en la admirable victoria de su Pastor”. El Hijo Jesús que vive es quien conduce a los seguidores a la también admirable victoria de la resurrección y de la gloria.

De igual manera al estar unidos Resucitado y Pastor, queda incluida la designación del Señor como Maestro. Jesús es nuestro hermano mayor resucitado, al vencer la muerte, el pecado y el mal y al instaurar el Reino del Padre que es Reino de justicia, amor y paz.

Al ser nuestro hermano mayor es el Pastor que nos lleva a esta nueva vida y lo hace siendo Maestro: pedagogo y guía. De manera que celebrar la fiesta del Buen Pastor es confesar, reconocer y publicar a los demás, que se es discípulo suyo. El es “el camino, la verdad y la vida” (Cfr. Jn. 14, 6).

Creer en Cristo es reconocerlo, aceptarlo y tenerlo como Maestro y Pastor. Discípulo y oveja del rebaño son equivalentes. Quien no vive como discípulo, no está siendo parte de su rebaño. Todos nosotros hemos de sentir una inmensa alegría y satisfacción por tener a Jesús como nuestro Pastor. Pastor y Maestro resucitado que nos guía, alimenta y defiende por el camino de la vida. Hoy hay tantos que vagan por la vida sin rumbo ni meta; tantos desilusionados o engañados por otros pastores que no tienen la capacidad para solucionar las inquietudes y problemas; hemos de sentir el dolor de Cristo por tantos que no está en su rebaño, que se perdieron, fueron asaltados o están alejados; por eso es que ser discípulo es ser misionero.

La condición resucitada y gloriosa de Jesús hace que sea imposible encontrarlo o de seguirlo sólo con las posibilidades humanas; por eso se necesita de la fe que consiste en una gracia de Dios que en cada uno hace posible detectar, oír, acoger, seguir y permanecer con El; solo un pequeño número de la multitud que escuchó y vio a Jesús llego a reconocerlo como Hijo de Dios y Salvador. Les fue imposible llegar a seguirlo como Pastor y Maestro vivo.

De esta manera, la fe es la que nos llega por el bautismo, la Palabra de Dios y la Iglesia; y en ella de manera muy especial a través de los ministros. Por eso es que esta fiesta de Buen Pastor, hace fijar la mirada en los obispos y sacerdotes que según la determinación de Dios, son los que en todos los lugares del mundo y a lo largo de los siglos, son llamados y consagrados para ser la presencia de Jesús el Buen Pastor que continua hablando, haciendo el bien, manifestando la misericordia del Padre a través de todos ellos. Por eso, la oración especial por la fidelidad, el celibato y la entrega del sacrificio de los sacerdotes, hoy tan atacados, despreciados, rechazados y amenazados por tantas tentaciones y falsas ilusiones. Hemos de orar por todos ellos.

Sin sacerdotes se oculta Jesús a los seres humanos. Hoy y siempre seguirán siendo verdad las palabras de Jesús: “Quien a vosotros escuchó, a mí me escucha” (Lc. 10, 16). Los sacerdotes son los que aseguran a los fieles para que tengan a Jesús como Pastor y Maestro de sus vidas.

Finalmente, hemos de tener siempre presente el hecho de que Jesús desde el inicio de su predicación llamó a los apóstoles “para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar” (cfr.Mc.3, 14) y esta actividad de Jesús no se ha suspendido; y es absolutamente cierto que continuará en el futuro de la Iglesia hasta el último día. Hay que continuar pidiendo a Dios que siga llamando y que aquellos en los que el Señor se ha fijado puedan oír su voz y se decidan a seguirlo para continuar su misión en la vida sacerdotal. Esta es la razón por la cual este domingo del Buen Pastor incluye la jornada mundial de oración por las vocaciones. Nuestra diócesis de Zipaquirá no puede caer en la esterilidad de las vocaciones; siempre ha sido muy rica en jóvenes que han respondido.

Nos hemos propuesto que cada parroquia tenga al menos un aspirante al seminario el año próximo. La fuerza de vida de Cristo resucitado que quiere seguir siendo el Buen Pastor para nosotros se traduce en una vida activa y gozosa de los fieles y una señal de ello es la intensidad de su oración por las vocaciones y por la aparición de jóvenes que se deciden a ser sacerdotes porque quieren incorporarse a la misión de Cristo vivo que a través de ellos desea seguir siendo eficazmente el Pastor victorioso y el Maestro de vida para el mundo.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      + Héctor Cubillos Peña

                                                      Obispo de Zipaquirá