Iniciar junio 2018 con Jesús

El ya próximo mes de junio de 2018 está en el inicio marcado por tres fiestas de Cristo: el domingo 3 Solemnidad del llamado Corpus Christi, el jueves 7 la Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y el viernes 8 la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Tres celebraciones para contemplar a Jesús en el misterio de su ser, en su obra de salvación y para proclamar nuestra fe en Él.

La primera celebración, la del Corpus Christi nos presenta a Jesús en el Sacramento de la Eucaristía. Presencia y entrega personal del Hijo hecho hombre en las especies del pan y el vino, mediante las palabras de la consagración y la acción del Espíritu Santo. En la comunión se recibe a Cristo; el mismo que nació en Belén, murió en la cruz y está “sentado para siempre a la derecha del Padre”. Cristo para nosotros como alimento de vida nueva y como centro de unidad y comunión con Él y nuestros hermanos por la caridad. Es el sacrificio que celebramos en la Misa y su prolongación en el Sagrario de los Templos para la adoración. Esta fiesta pues nos coloca a nosotros ante Jesús, manifestación y donación del amor y de la vida de Dios.

En la segunda fiesta: la de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote; admiramos a Jesús como el Hijo de Dios que al hacerse hombre ha unido íntimamente y para siempre a Dios con la humanidad y a los hombres y todo lo creado con Dios. Jesús como sacerdote es el único que para siempre hace posible la comunicación y la vida de unión con Él y con el Padre. Jesús que eternamente continúa en el cielo su ofrenda de amor a Dios y al mundo, la misma que realizó en la cruz al derramar su sangre de una vez para siempre en el martirio de la cruz. Esta fiesta nos está diciendo y asegurando que Jesús no ha suspendido, ni ha renunciado ni lo hará de permanecer como el lazo que hace posible la unión con Dios para alabarlo y recibir su vida, su amor y su luz.

La tercera celebración: la del Sagrado Corazón es la solemnidad del amor y la misericordia de Dios manifestada en el corazón del crucificado y muerto por nosotros y para nuestra salvación. En esta fiesta se nos presenta el símbolo del corazón como símbolo del amor hasta el don total de sí: la entrega infinita de Dios en la entrega de su Hijo hecho carne. Entrega de amor y de vida significada en el agua y la sangre emanada de la herida del costado de Jesús por la acción del soldado con su lanza. El corazón de Jesús será para siempre la palabra y el grito de Dios que entrega su ser y su amor a los hombres.

Son tres fiestas que nos hablan de Jesús, de quién es Él, de cómo es Él y de su misión y obra de salvación. Ante Él hemos de colocarnos como discípulos, no como espectadores curiosos, no como quienes lo ven con indiferencia y despreocupación; tampoco como quienes lo consideran como un simple ser humano como tantos en la humanidad. El discípulo, iluminado por el Espíritu Santo es quien con los ojos de la fe al mirar a Jesús reconoce en Él, en la Comunión Eucarística, en la imagen del corazón, al que está vivo después de haber muerto, al que desde el inicio de su presencia en Belén hasta su gloria en el cielo es para siempre la entrega del amor infinito de Dios a través del amor de hombre; y es desde el Padre a su derecha y para siempre nuestro mediador e intercesor. Este es pues aquel a quien llamamos y consideramos El Maestro.

De esta manera este inicio del mes de junio 2018 ha de ser una ocasión para gritar nuestra convicción, nuestra confianza y nuestro amor por Jesús, la Palabra de Dios hecha carne a través del Dios-hombre Jesucristo, de su Palabra, del sacramento de la Eucaristía y del símbolo del corazón. Jesús tiene que llegar a ocupar el centro y el lugar más importante de nuestro ser y nuestro vivir. Pero, si Jesús es Maestro esto quiere decir que si aceptamos que queremos ser sus discípulos, es necesario tener muy en serio y poner en práctica sus enseñanzas y el ejemplo de su vida.

Esto significa que: la fiesta del Corpus Christi ha de ser una llamada para que seamos otros Cristos como Él que con nuestras palabras, relaciones y actuaciones le digamos a Jesús que queremos vivir como Él, y que nos preocupamos para que los demás nos vean como discípulos, es decir seamos esa representación de Jesús. La fiesta de Sumo y Eterno Sacerdote ha de llevarnos a que como Jesús podamos conectar nuestra vida y la vida de los demás con Cristo; hacer de nuestra existencia una ofrenda que complazca a Dios y lo haga llegar a Él, al trabajo y a las alegrías y tristezas de todos. Y, el Sagrado Corazón de manera muy especial nos está llamando a seguir el ejemplo de Jesús que amó a los hombres hasta la muerte con misericordia, paciencia, perdón, tolerancia, solidaridad hasta el derramamiento de la sangre.

Que las fiestas del Maestro, nos hagan mejores discípulos suyos.

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá