“LA ALEGRÍA DE LA FIESTA PATRONAL”

Los lectores de nuestro periódico Anuncia La Vida en estos días del inicio de agosto tendrán en sus manos un nuevo ejemplar con un mensaje especial: el próximo 15 de agosto será la celebración de la fiesta patronal de la Diócesis de Zipaquirá; la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo en cuerpo y alma.

Cuando se piensa en fiestas patronales vienen a la mente los recuerdos de esos días religiosos vividos a lo largo de los años desde la infancia; días de oración, de alegría, de encuentro en el templo, de procesiones, de misas solemnes y adoración al Santísimo Sacramento. Momentos diferentes a los de la vida ordinaria. Tiempos de fe, de muchas bendiciones; oportunidades para contemplar la vida con sus alegrías y tristezas desde Dios y su amor y desde la vida de los santos de la Iglesia. Las fiestas patronales hacen experimentar de manera especial la cercanía de Dios y de su misericordia, como también la profunda pertenencia a la familia de la Iglesia. La fiesta patronal reanima la fe, perfecciona la vida cristiana en el amor y afianza la esperanza en Dios que es fiel a sus promesas.

Nuestra fiesta patronal será por tanto el próximo 15 de agosto. Lo ha sido y lo será por siempre a causa de la determinación del Papa Pio XII al crear la Diócesis de Zipaquirá en 1952. Desde ese momento fuimos encomendados de manera muy especial a nuestra Madre del cielo, desde ese entonces cada uno, cada comunidad y todos juntos hemos de considerarnos y vivir como hijos predilectos de la Virgen María, la que fue elevada por Dios al Cielo y hecha participe de la victoria y la gloria de su Hijo y esto para siempre.

María es patrona desde el cielo para nosotros. Es decir, desde la casa del Padre y desde su estado eterno de glorificación nos mira, nos ama y vela por nosotros; como asunta al cielo en cuerpo y alma, nos reconoce como hijos suyos en su Hijo Jesucristo. Unida perfectamente y para siempre a su Hijo Jesús y al Padre eterno se siente Madre de todos y cada uno. Al estar gozando ya del triunfo de Jesús muerto y resucitado sobre el mal, el pecado y la muerte se alegra con sus hijos que ya han alcanzado esa meta luego de morir. Quiere guiarnos para que juntos podamos alcanzar el cielo en donde ella se encuentra. Porque anhela tenernos con ella para siempre, intercede ante Dios; porque nos quiere semejantes a su Hijo, nuestra Madre nos lleva de la mano como maestra y pedagoga mostrándonos permanentemente el ejemplo de su vida en la tierra; porque ella supo lo que es tomar la cruz de su Hijo, nos consuela y anima para que también nosotros la llevemos sobre nuestros hombros hasta la muerte para dejarla cuando salgamos de este mundo.

Nuestro amor y nuestra relación con María ha de ser con aquella que es la Madre común que ha alcanzado ya la gloria final de gozo, de vida y amor con Dios Padre y con su Hijo en el cielo y para siempre.

Como es costumbre entre nosotros, todos: fieles, familias, religiosos, pequeñas comunidades, sacerdotes y obispo celebraremos la fiesta en nuestra casa diocesana, la Catedral de Zipaquirá el jueves 15; y posteriormente, lo harán las parroquias con sus fieles y comunidades el domingo siguiente 18 de agosto sintiéndose unidas a las demás parroquias.

De otra parte, la fiesta patronal entre nosotros siempre ha estado preparada por la novena, práctica espiritual que dispone la mente y el corazón de todos mediante la oración y la medición en común. Los nueve días disponen para que la celebración patronal sea una explosión de fe, de alabanza y de amor a Dios por su obra maravillosa en la Virgen María y por el don de la María para nuestro bien.

Pero, una fiesta patronal no es para que llegue y pase sin dejar alguna huella porque todo encuentro con Dios transforma y enriquece. La fiesta patronal debe dejar en la diócesis y en cada uno los frutos de fe, esperanza y amor; porque en ella Dios derrama infinitas gracias que no se pueden desaprovechar ni despreciar.

Desde ya, todos estamos invitados a encontrarnos para recorrer cada día de la novena el camino que nos conducirá a la gran alegría de la fiesta patronal en La Catedral y luego en los templos parroquiales.

De la celebración patronal de la Asunción de Nuestra Señora debe resultar el empeño más firme y valiente para ser discípulos misioneros de Cristo y la Iglesia a ejemplo de nuestra Madre. Nuestra esperanza y confianza en el Señor han de ser más fuertes para luchar contra el pecado y el mal; nuestro compromiso para ser sembradores de paz, de justicia, de fraternidad y de solidaridad, con la gracia divina, tendrá que ser más eficaz para que la vida de cada día cambie y sea más amable y digna.

María desde el cielo coronada de gloria anhela y nos quiere a nosotros semejantes a ella; para eso intercede y nos acompaña guiándonos.

Que esta novena y las celebraciones patronales diocesanas sean la oportunidad para que Dios y la Virgen nos vean “Caminando Juntos”, tomados de la mano peregrinando como familia de Dios y de María a través de esta tierra de la diócesis de Zipaquirá en medio de diferentes momentos de alegría, dolor, logros y fracasos. Que cada parroquia brille como una antorcha de luz, de fuego y de amor con la luz de Cristo victorioso y el resplandor de la Virgen María llevada al cielo.

 

+ HÉCTOR CUBILLOS PEÑA

   Obispo de Zipaquirá