LA MISIÓN: “PASIÓN POR JESÚS, PASIÓN POR SU PUEBLO”

Llega octubre y con él, viene a nosotros el mes misionero extraordinario anunciado por el Santo Padre en el mismo mes de 2017. En su escrito, Francisco dijo dos frases que vale la pena tener en cuenta durante este mes: “Todos nos tenemos que disponer para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades; para que crezcan el amor por la misión que es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo”.

 Hemos de releer varias veces estas palabras del Papa, que están de acuerdo con las palabras de Jesús a sus discípulos antes de su Ascensión al cielo: “Id y haced discípulos…” (Mateo 28, 19). El mandato del Señor de ir corresponde a lo dicho por el Santo Padre: “…que todo lleven en su corazón el anuncio del Evangelio…” Llevar cada uno el Evangelio del corazón nos hace pensar en la Virgen que guardaba todas estas cosas en su corazón (Lucas 2,19). Se trata de tener dentro a Jesús, su vida y sus enseñanzas. Tenerlo en la mente en la respiración, en los latidos de corazón, lo cual supone mantener un contacto con Jesús y estar escuchándolo a través de la lectura y la escucha de la Palabra de Dios. El misionero es pues el que siente la pasión por Jesús quien lo anima, lo fortalece, no lo deja dormirse ni acobardarse; el que con su Espíritu lo mantiene activo encontrando en cada circunstancia y relación con los demás, la oportunidad para mostrar e invitar al otro a acercarse a Jesús. Cada uno en este mes de octubre ha de mirar bien y con mucha sinceridad si tiene a Jesús en su corazón y si siente que Jesús tiene que ser anunciado.

El Papa se refiere a llevar el anuncio: es decir a estar atento a anunciarlo; a no quedarse con Él para sí mismo. Como Francisco lo dice, hay que tener pasión por Jesús, llegar a ser un apasionado suyo. La indiferencia, la lejanía y la frialdad son los peores males que pueden llegar a estar en un misionero de Jesús. Y, esto es para todos sin excepción por ser bautizados. Es cierto que los sacerdotes y religiosos están para ello y están dedicados totalmente; pero, los que no lo son, los bautizados, también son colaboradores de Jesús en la misión; hay lugares y personas que le ponen más atención a lo que diga un bautizado que a lo que le diga un sacerdote o un religioso. Los discípulos de Jesús bautizados que también se llaman laicos se encuentren en lugares y situaciones que no son propias de los padres y los religiosos.

Se trata pues de ser apasionado por Jesús. Se llega a tener pasión por Él cuando se le descubre como el Maestro, el que nuestra un camino verdadero de amor, paz, felicidad y vida que no terminará. La pasión se siente cuando hay convencimiento. El problema es que hay muchos católicos que no están convencidos de Jesús. Este mes es un tiempo para convencerse de Jesús.

Pero el Papa Francisco habla también de la pasión por el pueblo de Jesús, de Dios. No solo de los que formamos parte de la familia de Dios, sino también de toda la humanidad. La pasión por los demás es la que brota del corazón cuando se siente en carne propia el sufrimiento, las necesidades, las angustias y los peligros y esclavitudes en las que se encuentran muchos seres humanos lejanos y cercanos. La pasión por Jesús implica compartir la pasión suya por los hombres y mujeres. La pasión hace abrir el corazón, los ojos, la piel para dejarse herir por el dolor y las angustias de otros.

Nuestra pasión ha de ser la misma pasión de Jesús: sentir, estremecerse, compadecerse. Nuestra pasión debe hacernos preocupar y sufrir por los niños víctimas de la violencia, de la miseria; por aquellos que no han conocido el amor de sus padres y mucho más el amor de Dios; sufrir y querer dar a los jóvenes desorientados, secuestrados por la droga y el sexo por no haber tenido posibilidades de estudio, acogida, orientación y cariño. Nuestra pasión nos debe conmover por tantas familias que son cuevas de terror, desamor o engaño, y en general por tanto sufrimiento la pasión no es solo un sentimiento humano, sino también una fuerza, un dinamismo que hace reaccionar para atender en algo o en mucho a los demás. Nos dice el Evangelio que Jesús al ver la multitud se conmovió y se puso a enseñarles la Palabra de Dios (Marcos 6,34). Reaccionó actuando. Este mes de octubre ha de hacernos reaccionar con pasión y ha de convertirnos en misioneros. El mundo, la gente, los niños, jóvenes, adultos, ancianos necesitan de Jesús. No podemos quedarnos pasivos. Jesús es el Salvador en verdad; es el único, no es uno más entre otros. La necesidad que tiene la gente de Jesús es un asunto de vida o muerte. No podemos permanecer indiferentes ni insensibles.

Este mes extraordinario misionero pues debe ser un tiempo para reaccionar y actuar. El corazón debe abrir las puertas a los lejanos y a los cercanos. Hemos de expresar nuestra preocupación por la misión con la ofrenda económica de ayuda a las misiones; nuestra oración por las misiones debe ser muy viva.

Muchos recibirán la visita de otros que irán como misioneros a tocar a sus puertas; ábranlas con esperanza y amor; reciban a Jesús y conviértanse también en misioneros en sus familias, lugares de trabajo o de estudio, sean evangelizadores para sus vecinos de cuadra, barrio o vereda. Podemos empezar a llevar la cuenta del número de personas a quienes hemos de hacer posible el encuentro con Jesús, sea el que sea.

+ HÉCTOR CUBILLOS PEÑA

Obispo de Zipaquirá