LA NAVIDAD, DIOS CON NOSOTROS

Los días de fiesta de la Navidad que ya se avecinan con el inicio del mes de diciembre son momentos de gran alegría, de vida, de amor y encuentro de familia, para compartir los alimentos, la amistad y el amor. Ciertamente la navidad ha alcanzado una cobertura mundial por todo lo que en ella se expresa en los pueblos, razas y culturas.

Además de ello, para los cristianos, el mes de diciembre, incluida la primera parte del mes de enero del año nuevo contiene una riqueza maravillosa adicional que es necesario conservar, gozar y vivir de una manera muy especial. No se puede olvidar que el origen de la navidad es cristiano porque en la actualidad ya no aparece tan claramente esa vinculación.

La fiesta central para los cristianos es la del 25 de diciembre cuando se celebra el nacimiento del Hijo de Dios. Este día viene preparado desde cuatro semanas antes por el llamado tiempo de Adviento y los días de la novena de aguinaldos, y se prolonga en los días siguientes en el tiempo de navidad en el que se celebran las fiestas de la Madre de Dios, la Adoración de los Reyes Magos, la Sagrada Familia y el Bautismo del Señor en el rio Jordán por San Juan Bautista.

Por qué alegrarse y festejar en navidad: por el acontecimiento de la venida del Hijo de Dios en Belén, dado a luz por la Virgen María. Este es el motivo central que no se puede olvidar ni descuidar. La Carta a los Hebreos inicia diciendo: “En diversas ocasiones y bajo diferentes formas habló Dios a nuestros padres por medio de los profetas, hasta que en estos días, que son los últimos, nos habló a nosotros por medio del Hijo, a quien hizo destinario de todo…” (1, 1-2) El nacimiento de Jesús es por tanto la aparición de Dios en la tierra que viene para participarnos de su vida, su amor y su libertad. Dios se ha hecho hombre para que hubiese luz y paz en la humanidad. Ninguna otra religión en el mundo habla de que sea el mismo Dios el que haya visitado a los seres humanos haciéndose como ellos.

Con Jesús los seres humanos pueden conocer quién es Dios, cómo es Él, porqué y para qué existe la humanidad. Cada uno con Jesús puede tener a su alcance la verdad y la vida que triunfan sobre la muerte, la desesperación, la violencia y el engaño. La encarnación de Dios tiene una finalidad: la de hacer posible la felicidad y la supervivencia eterna. No acoger esta entrega de Dios y seguir condenados y esclavizados sin futuro de ninguna clase, es seguir padeciendo las guerras, la pobreza, el odio, la violencia y las enfermedades sin remedio definitivo. La alternativa para el mundo es: vivir o morir. Por tanto celebrar la navidad en cristiano es afirmar y creer que hay esperanza, que si hay salida ante tantos males; que hay un Dios que puede salvar, porque solo los seres humanos con sus propias fuerzas no lo pueden alcanzar.

Es necesario acoger muy seria y profundamente al Hijo de Dios que habla y viene a salvar. El creyente en Jesús tiene a su alcance la Palabra de Dios de la Biblia que la Iglesia le ofrece para que conozca el pensamiento y los planes de Dios; tiene los sacramentos para poder ubicarse en el nivel de la vida, la luz y el amor; pero, para aprovechar esto es necesario tomar muy en serio a Dios y su manifestación. Sería ilusorio pensar que solo basta bailar, comer o gozar en navidad.

La alegría verdadera de la navidad es para compartirla, en la familia y la comunidad. La Navidad es una fiesta para celebrarla juntos escuchando la Palabra de Dios, y orando juntos para dar gracias, alabar y suplicar al Señor. Los mejores lugares para celebrarla son la casa familiar y el templo parroquial.

+ HÉCTOR CUBILLOS PEÑA

Obispo de Zipaquirá