Misa Crismal ¿Qué clase de misa es esa?

Ciertamente que para muchos fieles al oír que hay una misa que es Crismal les resultará extraño y no sabrán qué clase de celebración es esa. Se trata por tanto de una celebración de la Eucaristía que ha de celebrarse el jueves santo en la mañana porque tiene que ver con la misa vespertina de la tarde llamada “Misa de la Cena del Señor”. Por razones pastorales esta Misa Crismal puede realizarse en otros días cercanos a la Semana Santa. Porque para los sacerdotes el jueves santo es un día de muchas tareas y ocupaciones, por eso, desde hace muchos años, esta misa se celebra el jueves anterior a la Semana Mayor, en la Catedral diocesana con asistencia de todos los sacerdotes, religiosos y feligreses venidos de todas las parroquias de la diócesis. Los más cercanos a la vida y actividades parroquiales si tienen un conocimiento de lo que es esta ceremonia.

Esta celebración reviste una belleza, una luz y un gozo muy vivos en el corazón de quienes asisten. No es fácil asistir a ella porque se realiza en una mañana, para muchos de trabajo y actividades ordinarias; pero para los que pudiéndolo hacer, se hacen presentes en la Catedral diocesana de Zipaquirá es una ocasión de gracia y bendiciones. La liturgia de esta misa ofrece una majestuosa solemnidad y belleza. Ojalá muchos fieles pudieran asistir.

En primer lugar a esta misa son invitados todos los fieles de la Iglesia; especialmente los sacerdotes y también los religiosos y religiosas. Asisten los ancianos, mayores, esposos, jóvenes, niños, hombres y mujeres, porque se trata de una reunión sagrada de la familia diocesana presidida por el Obispo que es el Pastor y Cabeza visible de unidad de la comunidad cristiana. Como lo afirma el Apóstol San Pedro, los que formamos parte de la Iglesia somos un “Pueblo Sacerdotal”, es decir un pueblo, todos juntos, que alaba, bendice, suplica a su Señor y que con su vida y palabras muestra que es de Dios y vive para Dios. En la Misa Crismal por eso se reúnen: sacerdotes, religiosos y bautizados en general. Allí vivimos de manera especial la alegría de lo que somos. La reunión se hace en la Catedral porque ella es la iglesia madre donde está, preside y enseña el Obispo, quien es la cabeza visible de la comunidad que hace presente a Jesús el Maestro y el Pastor.

En la Misa Crismal se realiza todo lo que corresponde a una celebración eucarística, pero hay dos momentos especiales: el primero, luego del Credo, la renovación de las promesas sacerdotales en las que todos los sacerdotes vuelven a prometer al Señor y a todos los presentes que seguirán empeñados en ser fieles a los encargos recibidos en el día de la ordenación sacerdotal; y, el segundo, cuando el obispo consagra los santos oleos o aceites para ser utilizados en los sacramentos del bautismo, la confirmación, el orden sagrado y la unción de los enfermos. Los aceites y las unciones comunican las gracias especiales de Dios para el bien y la alegría de los que los reciben. Y luego de estos momentos prosigue la celebración de la Eucaristía como de costumbre.

Sin duda alguna se trata de una bella ceremonia que ninguno se puede perder. Ella nos recuerda lo que somos como Iglesia, como familia de hijos de Dios Padre, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo. Esta misa nos hace sentir felices y orgullosos de nuestra pertenencia a la Iglesia; nos llena de fe y amor para con Dios y nos anima para que nos empeñemos todos en seguir a Jesús para ser verdaderos discípulos de Cristo y valerosos testigos de Jesús para los demás.

La celebración de la Misa Crismal, como también la Semana Santa de este año 2019 tiene algo especial por lo que estamos en un tiempo para poner por obra las conclusiones de la pasada XVIII Asamblea diocesana de pastoral de noviembre de 2018. De ella surgió un documento con acuerdos y compromisos llamado “Caminemos juntos” (CJ). Y por eso estamos empeñados en marchar juntos en el seguimiento de Cristo. Se trata pues de vivir junto a Jesús y juntos unos con otros. Es lo que se llama con una palabra rara, la “sinodalidad”; palabra que consta de dos partes “sin” que significa “juntos”; y “odos” que quiere decir “camino”. Por eso se trata de caminar juntos como hijos de Dios y hermanos entre sí. Como dice la canción recorrer “el camino de la vida” juntos.

Estos días santos son para eso: para estar juntos en torno al Señor en la oración, las ceremonias de Semana Santa y en las oraciones y devociones. En los días santos Cristo nos invita para que lo sigamos: “el que quiera seguirme que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga” (Marcos 8,34); tomar la cruz como Jesús para seguirlo hasta la resurrección pero, seguir a Jesús juntos, como en una peregrinación o procesión de muchos; no cada uno por su lado solo.

Invito a todos los fieles de las diferentes parroquias de la Diócesis, y animo a aquellos que viven más cerca de la ciudad de Zipaquirá y en ella, para que nos acompañen en la Catedral el jueves 11 de abril a las 10 de la mañana, o a las 9 de la mañana si les es posible para una preparación, y en general a todas las ceremonias litúrgicas de la Semana Santa.

+ Héctor Cubillos Peña
Obispo de Zipaquirá