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Una celebración de gratitud por 50 y 25 años de ministerio sacerdotal

En el marco del encuentro del Presbiterio de la Diócesis de Zipaquirá, realizado los días 23, 24 y 25 de septiembre, se vivió un momento especial de fraternidad y acción de gracias: el reconocimiento a los sacerdotes que celebran 50 y 25 años de vida y ministerio sacerdotal.

Esta celebración fue una oportunidad para agradecer a Dios por el camino recorrido por cada uno de ellos y reconocer el servicio generoso que, durante tantos años, han ofrecido a la Iglesia y a las comunidades que les han sido confiadas.

50 años al servicio de Dios y de la Iglesia

Con motivo de sus 50 años de ministerio sacerdotal, fueron homenajeados el Pbro. Francisco Robayo y el Pbro. Jorge Fernando Mellizo, quienes han dedicado cinco décadas de su vida al anuncio del Evangelio y al servicio del pueblo de Dios.

Asimismo, se reconocieron los 25 años de ministerio sacerdotal de los padres Tobías Herrera, Avelino Rodríguez y Jhon Alexander Nova, agradeciendo por su entrega y por los frutos de su servicio pastoral a lo largo de estos años.

Un árbol que representa una vida entregada a Dios

Como parte de esta celebración, cada uno de los sacerdotes homenajeados sembró un árbol como símbolo de sus años de ministerio sacerdotal. Este gesto quiso representar la vida que ha crecido a lo largo de los años, las raíces que se han fortalecido en la fe y los frutos que cada sacerdote ha podido ofrecer a la Iglesia y a las comunidades que ha acompañado.

Cada árbol cuenta además con una placa conmemorativa, que permitirá conservar en el tiempo el recuerdo de este aniversario sacerdotal y de quienes han entregado parte de su vida al servicio del Evangelio.

Así como un árbol necesita raíces firmes para crecer y dar fruto, el ministerio sacerdotal se alimenta de la relación con Dios, de la oración y del encuentro cotidiano con las personas. Por ello, esta siembra se convirtió en un signo visible de una historia de fe, entrega y servicio que continúa dando frutos.

Una celebración marcada por la fraternidad

Durante la jornada se celebró una Eucaristía de acción de gracias, poniendo en las manos de Dios la vida, la vocación y el ministerio de los sacerdotes homenajeados. La celebración fue también un espacio para recordar que cada año de sacerdocio está acompañado por la gracia de Dios, pero también por las historias, rostros y comunidades que han marcado el camino pastoral.

Otro de los momentos significativos fue el espacio para compartir experiencias de estos años de ministerio, en el que los sacerdotes pudieron recordar momentos especiales de su camino vocacional, anécdotas y aprendizajes que han enriquecido su servicio a la Iglesia.

La jornada continuó con un brindis en honor a los festejados, acompañado de palabras de gratitud y reconocimiento por su trayectoria sacerdotal.

Como un gesto especial de cariño, se entregó a cada uno de los sacerdotes homenajeados un cofre lleno de mensajes escritos por fieles y personas que han compartido parte de su camino. En estos mensajes quedaron plasmados recuerdos, palabras de gratitud, buenos deseos y experiencias significativas que dan cuenta de la huella que cada sacerdote ha dejado en las comunidades a las que ha servido.

Celebrar juntos el don del sacerdocio

El encuentro también contó con un almuerzo fraterno, que permitió a todos los sacerdotes compartir alrededor de la mesa en un ambiente de alegría y fraternidad. Finalmente, la celebración concluyó con actividades deportivas y espacios de esparcimiento, que permitieron fortalecer los vínculos entre los miembros del presbiterio y disfrutar de un momento diferente fuera de las actividades habituales del ministerio.

Estos aniversarios sacerdotales son una ocasión para dar gracias a Dios por el don de la vocación, por la perseverancia y entrega de quienes han consagrado su vida al servicio de la Iglesia, y por todas las personas que han acompañado y enriquecido su camino.

Desde la Diócesis de Zipaquirá, elevamos nuestra acción de gracias por estos 50 y 25 años de ministerio sacerdotal, y pedimos al Señor que continúe fortaleciendo y acompañando a nuestros sacerdotes para que sigan siendo testigos del Evangelio, servidores de sus comunidades y signos de esperanza para el pueblo de Dios.

Que los árboles sembrados en memoria de estos aniversarios sean también un signo de que una vida entregada a Dios, como un árbol de raíces profundas, continúa dando frutos en el corazón de la Iglesia y de su pueblo.

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